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La taquería de barrio es el alma y el motor de la comida callejera mexicana. No necesita lujos ni pretensiones; su encanto y éxito radican en la rapidez, el sabor intenso y un ambiente democrático. El protagonista indiscutible suele ser el trompo de pastor girando ante el fuego, manejado con destreza por el taquero. Se come generalmente de pie en la banqueta o en bancos de plástico, el servicio es inmediato y las salsas están en grandes molcajetes al alcance de todos. Es ruidosa, vibrante y accesible. El olor a carne asada y piña atrae a clientes de todas las clases sociales por igual.

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