El panorama del gaming competitivo ha cambiado rápidamente y, de cara a 2025 y 2026, jugar a 120 FPS o más se está convirtiendo en el nuevo estándar para muchos títulos multijugador y esports.
Cada vez más juegos están optimizados para altas tasas de refresco, lo que ha incrementado la demanda de tarjetas gráficas más potentes, mayor cantidad de memoria RAM y monitores de 144 Hz o superiores. Este crecimiento también ha impulsado tecnologías como DLSS, FSR y XeSS, diseñadas para mejorar el rendimiento sin sacrificar calidad visual.
La tendencia es clara: los videojuegos modernos exigen hardware más potente, y los jugadores que buscan competir al más alto nivel deberán actualizar sus equipos para mantenerse al día.




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